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PLAZA MICTLAN

What is the golden ticket prize?
Value of $1500
1 VIP Parking Pass
4 Tickets: Early Admissions VIP Passes
Free Food Vouchers
Full Swag Package for one (Full Offering of the 2024 Nightmare on Chicago street's merch)

Video Anchor

Here is one of the six tales. Each Tale is a clue for a golden ticket. There are six golden tickets in total, each representing each tale. Read the tale and find the clues to the location of the golden ticket. 

Starting Clue: Each Tale's clue ties to a book in which the golden ticket is hidden in. The locations can be found across Elgin. 

six sinister stories that will fix
your darkest nightmares in this mix. 
Six Tales on postcards, each a part,
Of a puzzle to bind a journey to start,
Collect all the pieces, piece by piece,
Form the 2024 poster with eerie ease.
But there's more to these tales than what meets the eye,
Each one holds a clue for you to spy. 
Six golden tickets, one for each tale,
Follow the hints and you shall not fail.
Tickets hidden in books, you see,
In the city of Elgin where they must be.
Read each story and find the hint, 
To where each golden ticket glints.
Two clues you'll need, so keep them near,

One for the book, one for where.

Solve the riddles and do not tire,

To find the treasure you desire.
 

Save the Date, Save the City, 10/19/2024,
Tickets on Sale June 1st, be sure to explore,
Your nightmares once more. 

The Story

mICTLAN vIVE EN TUS sUEÑOS

 

Ven conmigo y ponle cuidado a lo que te voy a contar. Acompañemos a Maité mientras su abuelita la acuesta en su cama. “Abuelita no me quiero dormir todavía, estoy esperando a papá “ dice Maité peleando contra el sueño que se va apoderando de ella. “Es hora de dormir chiquita, yo me aseguro que entre a desearte buenas noches cuando regrese a casa.¿Te gustaría escuchar un poema que mi abuela me contaba cuando era niña?” Los ojos de Maité se abren grandes y llenos de emoción, se acomoda en su cama y espera con ansiedad el poema de su abuela. Maité le da la manita a su abuelita. “Este poema se trata de la travesía que algún día todos tendremos que enfrentar, pero no te preocupes, habrá un guía que te ayudará. Yo sé que eres capaz y no tendrás miedo.”

La vida terrenal viene y va con el viento.

La hora del descanso eterno me tocó desprevenido.
 

Ahora tendré que atravesar los nueve niveles del inframundo y no estoy listo.

Se mi guía, pequeño mensajero, ya que durante mis días entre los vivientes tú me conectabas a mis antepasados.

Un Xolito me da la bienvenida en la orilla de un río obscuro.

Torrente de castigo y obsidiana permite pasar.

Que mi viaje por el lugar de la nieve sea leve.

Los vientos violentos me tambolean por días…por años…por un tiempo imposible de medir.

Corro y corro por el sendero precavido.

Que no sea mi fortuna ser flechado.

Así poder seguir hacia donde habitan las fieras que sin piedad me arrancarán el corazón.

Otro río me espera, cruzo el agua negra dejando atrás todas mis penas.

Espesa neblina me rodea.

Me e redimido y estoy preparado para entrar a Mictlán. 

 

Vuela con prisa pequeño huitzil, ave guerrera Deja que todos mis seres queridos, que algún día llegaran a la orilla del río, sepan que estoy bien.

Mi vida corta terminó sin previo aviso

Ahora habito con el Señor de los Muertos

En otro plano

En otro estado

E llegado al destino final.

 

“Ese pequeño colibrí regresó y le contó a la familia el poema de nuestro antepasado fallecido para que lo compartiéramos con nuestros seres queridos. Algún día te encontrarás con un Xolo y te guiará en tu hora de necesidad.” Maité salta de la cama tratando de combatir el sueño para poder ver a su papá cuando regresa a casa. “Abuelita los Xolo’s parecen amables. ¿Puedo dibujar uno para papá? Prometo no tardarme mucho” Maité le da una mirada tierna a su abuela con sus ojos cafés y la abuela no puede negar su petición. Maité sale de la cama, con entusiasmo colecta sus crayones y empieza a dibujar a un Xolo según su imaginación. Su abuela se fija por encima del hombro de Maité, admirando su trabajo. Las dos suben la mirada cuando escuchan unos pasos que se acercan. Ya viene el que han esperado. Maité corre apresuradamente hacia la puerta con su dibujo en la mano y una sonrisa en la cara.

Ahora nos pondremos en el lugar de Ricardo. Esta historia se trata de su experiencia….

Maité está gritando por el pasillo. Irrumpió por la puerta de la oficina, la luz excesivamente brillante del pasillo llena la oficina. “¡Papi mira mi dibujo!” Su carita llena de emoción mientras eleva su obra. “A ver corazón “ dice Ricardo tomando la hoja de papel. Era un dibujo colorido de un perro. Los colores brillantes de neón, patrones y figuras se parecen a una caricatura. “Abuelita me contó que hace mucho los perros guiaban a la gente al más allá, pero solamente si los tratabas bien en esta vida.” Sus palabras no se grababan en la mente de su padre. “Se ve bien” responde “ve a mostrárselo a tu hermano “ Maité sale de prisa, un poco decepcionada.Ricardo toma un sorbo de su copa mientras se fija en la botella vacía encima de la repisa.

El sol pasa por sus párpados cerrados. La casa está extrañamente silenciosa mientras se alista para el trabajo. Ricardo entra a la cocina y lee la nota que dejó su esposa. “Ya dejé a los niños en la escuela. No se te olvide tomar tu medicina.” Añadió un dibujito de cara feliz. Tomó su almuerzo del refrigerador donde colgaba el dibujo de Maité. Pero se ve más obscuro, más amenazador. Sus patas se extienden más de lo normal, luce una sonrisa extraña, sus ojos fríos y agudos. Antes no se había visto tan inquietante, hasta los colores han perdido el brillo. Siente un temor mientras se fija en los ojos del perro. Escucha el silbido del tren a la distancia. “¡Carajo, llegaré tarde al trabajo!” exclama

Las calles están vacías mientras camina a la casa después del trabajo, casi siniestras. Siente que alguien lo está siguiendo. “No es nada” piensa “ y este dolor en el pecho no ayuda. Allí está la cura” y entra a la licorería. “Buenas noches Ricardo “ Ricardo regresa el salí asintiendo con la cabeza. Paga su compra y sale. Se siente mucho más frío. Escucha algo en la esquina y acelera el latido de su corazón. Probablemente es un mapache. Derrepente sale corriendo un perro callejero del callejón. Ricardo por poco suelta la botella de licor. “Me hará bien un sorbo” piensa. El perro seguía allí, mirando, juzgándolo. “¡Alárgate!” Le gritó pero el perro solamente le regresa la mirada. Enojado, Ricardo le sigue gritando y se acerca “te dije que te alargues “ dice lanzado una firme patada. El perro gime “¿Qué haces?” Pregunta Santos el cajero de la licorería. “Ese perro estúpido por poco causa que suelte la botella “ le contesta. “¿Cuál perro? Olvídalo y regresa a casa. De todos modos no debes de estar tomando.” Dice apuntando hacia la botella. Ricardo volteó hacia el perro pero había desaparecido. Maité lo esperaba en el umbral “¡Papá! ¡Papá! ¡Mira!” Pero Ricardo sigue alterado.” Orita no Maité, estoy cansado. Prometo ver tus dibujos mañana.” Todo lo que quiere ahora es un sorbo de tequila. Su pecho se cierra y siente un dolor en el brazo. Se toma su medicamento. “Seguramente me sentiré mejor en la mañana “ Despertó no por los rayos del sol, si no por una torrente de agua. Desorientado, siente arena bajo sus pies. Rocas agudas lastiman sus piernas. Puede ver un río cerca de donde había estado dormido. “Estaré soñando” pensó. Pero no puede ver por el crepúsculo. El agua del río se ve más obscuro que cualquier río que había visto antes, pero aún puede distinguir algunas figuras moviéndose entre el agua. Le recuerda de un cuento el cual su mamá le contaba de niño.Quizá el mismo que le contó a Maité. Se fija en la orilla del río y ve algunas sombras deslizarse por todas partes. Escucha que algo se acerca. Sus instintos se apoderan de el y empieza a correr, su cuerpo sabe que no está soñando. Se tiene que enfrentar con esta realidad que solamente existía en sus pesadillas de niño. Corre por lo que serán horas pero nada cambia. No le encuentra fin al río y las sombras se están acercando. Se cae, sus pulmones no aguantan más. Un perro sale de la penumbra, negro como la noche, sus ojos miran hasta el alma. En ese momento Ricardo se da cuenta de su destino. El perro camina hacia las sombras mientras estas envuelven a Ricardo, el cual fue maldito a vagar por las orillas del río sin guía.

mICTLAN vIVE EN TUS sUEÑOS

 

Come with me observer, I have a tale for you to heed. We join Maite as her grandmother tucks her into  bed. “Grandma I don’t want to go to bed yet I’m waiting to see my dad.” Maite wines as she fights off sleep. Her  grandmother kisses her on the forehead. “It’s time for bed sweetheart, I’ll make sure he comes in here to say  good night once he’s home. Would you like to hear a poem my grandmother would tell me when I was younger?”  Maite’s eyes widen with excitement, she wiggles in bed getting comfortable waiting eagerly for the poem. Maite  and her grandmother hold their hands together. “This is a poem of a journey we all must make one day but don’t  worry you will have a guide to help you. I know you’re strong and won’t be scared to face this.”  

This earthly life comes and goes like the wind.  

The moment of eternal rest has come and I am not ready.  

Now I must traverse the nine levels of the underworld.  

Be my guide tiny messenger, during my days among the living you were my connection to my ancestors.  A Xolo greets me at the edge of a dark river.  

Let me cross over the waters of obsidian and punishment.  

May my journey through the land of snow be quick.  

I tumble through the unrelenting winds for days….years….for a time impossible to measure.  

Running through the field cautiously…. I hope to escape the arrows that fly by.  

If I make it I will reach the land where the wild beasts wait to rip my heart out without mercy.  

Another river awaits me, as I cross the dark waters I leave behind all of my worries.  

Thick fog surrounds me.  

I have been redeemed and I am ready to enter Mictlán.  

Fly quickly huitzil, hummingbird, warrior  Let my loved ones know that I am alright, that one day it will be their time  To go to the dark rivers edge.  

 

My short life ended without a warning I now inhabit the land of the dead.  

 

On a dierent plane  

In a new state of being  

I have reached my final destination  

 

“That little hummingbird came home and told our ancestors this poem so that we could share it with our  loved ones. One day you’ll meet a Xolo and it will guide you in your time of need.” Maite hops out of bed trying one  last time to stay up and wait for her father to come home. “Grandma the Xolos sound like nice doggies. Can I draw  one for my dad? I promise I’ll be quick!” Maite looks at her grandmother with those soft brown eyes, even this old  storyteller would find it hard to say no to her. Her grandmother nods and Maite flies out of bed. She gathers all her  crayons and plops on her desk meticulously sketching what she imagines a Xolo would look like. Her grandmother  looks over her shoulder, admiring her work. They both perk up when they hear footsteps outside, the man we’ve all  been waiting for has arrived. Maite bolts towards the door drawing in hand and a smile on her face. Follow me into  Ricardo’s mind observer, this is his tale after all. 

Maite is shouting down the hall. She burst through the oice door, the painful bright light from the hallway  shining into the room. “Daddy look at my drawing!” You can see the excitement in her face as she proudly holds up  her artwork. “Let’s see it honey.” She handed me a colorful drawing of a dog. The bright neon colors, intricate  patterns of swirls and shapes look like something out of a kid’s cartoon. “Grandma was telling me that long ago  dogs used to be guides for people in the afterlife, to people that were nice to dogs I mean.” Her voice does not  register in my mind. “It looks great.” I interrupt. “Go show it to your brother.” She runs o, a slight look of  disappointment in her eyes. I take another swig from my mug looking at the empty bottle on the top shelf.  

 The sun burns through my eyelids, how does it come through the gaps so perfectly? The house is eerily  quite as I get ready for work, I head into the kitchen noticing a note my wife left. It reads as follows “Dropped o the  kids at school. Don’t forget your medication!” a smiley face wraps up the note. I grab my lunch from the refrigerator,  Maite’s drawing hangs on the door. It looks darker now, more menacing. Its legs extend farther than they should, a  warped grin on the dog’s face, eyes cold and sharp. I don’t remember it looking so unsettling, even the colors seem  to have dulled. I feel dread in my core as I look into its eyes. The train horn blaring outside snaps me out of it. “Shit  I’m late for work.”  

 The streets are empty on the walk home, ominous almost, I can’t shake this feeling that I’m being followed.  I’m sure it’s nothing, this pain in my chest isn’t helping either. I can see the cure to all that ails me just ahead, a bell  rings as I enter the liquor store. “Evening Ricardo.” I nod at Santos, focused on reaching my one goal, he rings me  up as usual. “Thirty-three fourteen please.” I hand him thirty-three dollars, grab fourteen cents from the coin tray  and hand him that as well. “One of these days you should try adding some change to the tray.” Santos laughs  pleased with himself. “Thanks Santos have a good night.” I mutter as I step outside.  

The air feels colder than it did moments ago. I can hear rustling coming from around the corner. I can feel  my heart pounding, it’s probably a racoon. “Fuck!” Before I could finish my thought, a stray dog ran out from the  alley. I jumped backwards instinctively, almost dropping my bottle of liquid courage. “I could have used a shot of  that just now.” I mumble to myself. The mut was still there, its eyes were boring into me, judging. “Get out of here!” I  shout moving towards it, arms swinging in the air. Nothing just stares back at me, its eyes as dark as the shadows it  ran out from. I can feel a cold wash down my neck, I try to hide my fear behind rage. “Enough I said get!” I shout  kicking the dog, a whimper and a cry are all I hear from it. “Ricardo what the hell are you doing?” Santos is shouting  at me from the store’s entrance. “This stupid dog almost made me drop my bottle.” I stubble on my words,  distracted by the painful thumping in my chest. “What dog? Forget about it and go home. You shouldn’t be having  that anyway.” Santos points at the bottle in my hand. I turned back to the dog, but it was not there.  

 Maite is at the door waiting for me. “Daddy! Daddy! Look” My head is pounding just as my heart was earlier  today. “Not tonight Maite, I promise to look at it tomorrow. Daddy is tired.” All I want is the sweet taste of tequila.  There is tightness in my chest, a pain in my arm. I grab my medication and wash it down with a swig of my mug. “I’m  sure I’ll feel better in the morning.” I wasn’t woken up by a ray of sunshine, instead I was startled awake by a rush of  water. As I fought the fog of sleep, disoriented, I could feel the cold sand beneath me. Rocks poked into my legs as I  began to stand. I can see a river flowing inches from where I was sleeping. This must be a dream; I look around but  can’t see much in the twilight. The water looks darker than any river I’ve ever seen before, yet somehow, I can see  shadows moving within, this reminds me of the tales my mother used to tell me when I was a child. The same ones  I’m sure she’s telling Maite now.

 I look around the shore and see shadows moving just beyond my vision as well. I can hear them coming up  from behind me. My instincts take over and I start to run, my body telling me this isn’t a dream. I’m faced with the  reality of a nightmare that made me wake up in a cold sweat as a child. I keep running for what feels like hours but  nothing changes. The river just keeps going, the shadows keep getting closer. I collapsed, my lungs on fire. Out of  the darkness came a dog, its body black as night, its eyes looking into my soul. In that moment I knew my fate, the  dog walked back into the shadows as they began to close in on me. I’m cursed to wonder these shores without a  guide.

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